viernes, 6 de mayo de 2011

Found Footage o la reescritura fílmica


El cine experimental, el género menos apreciado por la mayoría, es quizá la vertiente más interesante y refrescante del séptimo arte en los últimos años. Dentro de este amplia denominación es posible encontrar distintas posibilidades, desde el viejo surrealismo (el primer Buñuel, por ejemplo) hasta la abstracción (la última etapa de Stan Brakhage). El found footage, cuya técnica debe ser una de la más apasionantes y originales del cine, se ha convertido en uno de los integrantes más representativos del cine experimental.

Hay que señalar que no todo found footage va engrosar a las filas del cine experimental. El found footge, como su nombre en inglés lo indica, es el metraje de celuloide, video o cualquier soporte fílmico, hallado y reutilizado para fines quizás distintos de su intención original. Un material fílmico puede ser reciclado para un uso convencional, a pesar del cambio de contexto que su apropiación implica. Sin embargo, los casos más notorios de peliculas de found footage son aquellas que hacen una relectura del material ajeno, en muchos casos esta reinterpretación radical implica una manipulacíon del metraje usado. No es inusual que se perfore, pinte o raspe el archivo a ser reinterpretado. Se trata de una especie de apropiación del archivo fílmico para, a través de técnicas similares a una reescritura, cambie o amplíe el sentido original de este.

Como dice Maite Alberdi: Este “movimiento” (el found footage) toma la idea de pensar el cine como arte del presente pues recupera material antiguo, lo actualiza potenciando principalmente su forma y haciéndolo conservar su valor de archivo- lo que no implica que las imágenes preserven su sentido original. Y agrega: Se puede señalar que todas las películas de found footage llevan aparejada una crítica implícita a los medios de comunicación y a la industria cinematográfica convencional, el cuestionamiento está ligado a las representaciones estándares que generan los mass media, entregando imágenes que anulan la capacidad de reflexión del espectador. Muchos de los materiales rescatados por los realizadores son producidos en industrias fílmicas y televisivas, la revisión de éstos nos hace observar y cuestionar el sentido de las imágenes que se exhiben en dichos medios que en primera instancia no digerimos, el found footage nos otorga una segunda oportunidad a partir de un nuevo punto de vista.

Bruce Conner es uno de los nombres capitales en la elaboración de películas de found footage, pues su mirada agrega una cuota de desencanto y de perturbación a archivos que originalmente celebraban el american way life, como lo demuestra su película Vals Tiste (1977). Muerto Conner el 2008, el nombre más importante en la actualidad posiblemente sea el del austríaco Peter Tscherkassky, probablemente uno de los mejores cineastas, no solo del cine experimental sino del séptimo arte en general. Su apropiación de los archivos es radical y su tema casi siempre gira en torno al discurso fílmico en sí, lo cual es coherente con la técnica que emplea, pues su materia prima, si se quiere decir, es el mismo rollo fílmico. A continuación dejaremos unos vídeos de este cineasta esencial para que el internauta tenga una idea en qué consiste el found footage.

Robinson Díaz



miércoles, 27 de abril de 2011

Rabia

La mayoría de enfermedades producen un decaimiento del cuerpo y espíritu. En algunos casos, el único incremento se produce en la temperatura corporal, pero los estados febriles raras veces producen una exaltación del ánimo; todo lo contrario, una desesperante y desfalleciente abulia es la respuesta del cuerpo ante una fiebre. Por eso, la rabia es una enfermedad peculiar, un virus extraño, pues escapa a esta aparente regla patológica. Se puede afirmar que la rabia es la enfermedad de la exaltación, la incontinencia, la destemplanza y el desenfreno.

Un enfermo de rabia, que vive sumido en un violento delirio, es dotado de una fuerza excepcional y es capaz de someter por la fuerza a varios hombres o destruir con facilidad objetos o muebles que en su estado normal hubiera sido incapaz de romper. Acompaña a esta potencia física una agresividad e irritabilidad, ambas muy inmoderadas, que vuelven sumamente peligroso al más pacífico de los hombres. El rabioso parece un ser sin límites pues además ha sido sustraído de su mente la razón, castradora milenaria de impulsos animales, lo cual empuja al enfermo a superar todo límite físico y moral. Convulsiones imposibles, sensibilidad extraordinaria, rugidos inverosímiles o agresiones salvajes nos demuestran que la barrera humana es una convención y que esta suele encontrarse en la salud.

El enemigo de todo rabioso es el agua. El vital líquido es un elemento apaciguador, aplaca la sed y alivia tensiones. Estos efectos rivalizan con el fuego que consume al rabioso, cuyo único propósito es estallar de forma continua sin dar tregua alguna al espíritu poseso. El agua que brota de la lengua de los enfermos de rabia, muy característico en ellos, es una expulsión de un elemento incompatible a su naturaleza violenta y tempestuosa. Es tan severo el rechazo que siente el rabioso por el agua que tan solo el susurro que hace un manantial o un arroyo es capaz de producir en él el mayor de los horrores. La rabia es también conocida, en muchos idiomas, como hidrofobia.

La rabia, como muchos saben, es transmitida por un animal mamífero, aunque muchas veces llega al humano a través de la mordida de un can. No obstante, en algún momento de nuestra historia se creyó erróneamente que esta enfermedad se generaba espontáneamente en nosotros. Comprensible porque el paso entre salvajismo y civilización era más cercano en aquellas épocas que en la nuestra, por lo que resabios de la condición animal aún podían resonar en el hombre. Sin embargo, hoy la rabia puede ser entendida como una especie de venganza de la naturaleza hacia la humanidad que ha abandonado su violento seno. Nuestros fieles compañeros animales, los perros –y en menor medida los gatos- son los principales transmisores de este mal. Y es que a pesar de la convivencia milenaria con nosotros, aún representan a la naturaleza, son sus emisarios y como tales nos hacen llegar este castigo en forma de enfermedad que nos devuelve a nuestro estado natural, quizá distorsionado, como la imagen que proyecta un espejo vilmente deformado, pero jamás desleal a lo que fuimos antaño: animales llenos de furia, sin la traición de la conciencia y la agresividad y fuerza como únicas condiciones para la supervivencia.

Robinson Díaz

lunes, 18 de abril de 2011

Los nuevos monstruos: los zombis


Los zombis no son una creación del cine. Como muchos de los monstruos que aparecen constantemente en el ecran, estos provienen de otras fuentes. En este caso se trata de un mito ligado a la religión vudú, que no se centra exclusivamente en Haití, como muchos creen, pues también se extiende en varios países africanos.

El cine, sin embargo, ha creado su propia mitología zombi. Si bien es cierto que las primeras películas que tuvieron como personajes a estos seres eran próximos a la tradición vudú (que tiene como abanderada la obra maestra de Jacques Tourneur Caminé con un Zombi de 1943) es a partir del debut como realizador de George Romero en La Noche de los Muertos vivientes (1968) que los zombis adquieren la personalidad que todos conocemos, a pesar de las variaciones que diversas propuestas fílmicas han hecho a partir de esta renovación.

Los zombis se alejan del exotismo del que estaban envueltos en sus inicios (no olvidemos que el exotismo es un elemento recurrente del terror decimonónico y de las primeras producciones cinematográficas) para aterrizar en las ciudades modernas, el terror entonces se vuelve urbano y cercano. Los actuales zombis son el resultado de algún fenómeno ligado a la modernidad y no a un extraño conjuro o ritual. Si bien es cierto que la película que inició esta nueva fase, La Noche de los Muertos Vivientes, no brinda una explicación sobre el origen de los zombis, suelta alguna pistas que indican un posible vínculo con la carrera espacial de los años sesenta. El zombi como consecuencia de la modernidad es el mayor aporte de Romero, ya que su visión permite constantes relecturas, acorde con las nuevas amenazas que aparecen junto al llamdo progreso, dotando al subgénero de zombis una salud envidiable, cosa que no hubiera pasado si estos siguieran estancados en los confines de Haití.

Otro aporte importante de Romero es la antropofagia. Los zombis devoran, sin razón aparente, (alguna triste película trató de dar alguna explicación sobre su canibalismo, pero preferimos ignorarla) a quien antaño fue su prójimo. Se trata de una metáfora de la destrucción que somete el ser humano a su propia especie en su carrera desmedida hacia el progreso. Otra contribución importante es que los zombis solo pueden morir si se les destruye el cerebro. Esta visión, novedosa e inédita, es, hasta cierto punto, heredera del racionalismo. Si Drácula solo puede ser acabado destruyéndole el corazón (a todas luces una visión propia del romanticismo) el zombi que no ostenta, aparentemente, inteligencia alguna (aunque en posteriores películas de Romero hay una evolución en el escaso coeficiente intelectual del zombi) tiene como órgano vulnerable el cerebro. Los rígidos movimientos de este nuevo zombi ya están presentes en visiones anteriores, aunque en el caso de Romero son más grotescos (al parecer este detalle está en desusanza en los últimos años, donde los zombis, u otros seres similares, tienen una gran destreza física y fuerza incomparable) y responde a la parálisis que aqueja a los muertos en las primeras horas.

El triunfo del zombi de Romero, en mi opinión, se debe fundamentalmente a que sintetiza, en cierta forma, a tres de los monstruos más populares del cine: tiene la indefinición ontológica de Drácula (que vaga en un estado que no es ni la vida ni la muerte), la torpeza de Frankenstein (que es producto de la tecnología lo que le convierte en el primer monstruo que vaticina los peligros de la modernidad ) y la voracidad del Hombre Lobo (que simboliza el ancla que nos sumerge a nuestro pasado salvaje y animal). Por ese motivo y otros que sin duda se me escapan, creo que los zombis gozan de gran popularidad en el terreno de los monstruos cinematográficos, posiblemente esa fama sea solo igualada por Drácula, cuya lujuria lo mantendrá vigente por muchísimos años más. Este éxito ha hecho que los zombies trasciendan su origen modesto en el género B, (nicho en el cual aún se mantienen cómodos), pues ahora coquetean en producciones de mayor capital, no solo hollywoodenses sin también televisivas. Para deleite nuestro (al menos de los que tenemos buen estómago) seremos testigos de los cambios que sufrirán estos hambrientos seres; no nos sorprenda si en un futuro muy cercano son ocasionados por el calentamiento global o la radiación.

Robinson Díaz

domingo, 23 de enero de 2011

El origen de la pornografía


Figura rupestre de connotación sexual en Lascaux interpretado brillantemente por el escritor francés Georges Bataille

¿Tiene fecha de nacimiento la pornografía? Algunos piensan que es tan remota como la civilización misma. Otros sitúan el origen de la pornografía en el medioevo, con la aparición de los Sonetos Lujuriosos de Aretino. Hay quienes sostienen que aparece en la época del libertinaje europeo, cuyo descriptor y filósofo principal fue el Marqués de Sade. Creemos que es imposible determinar una fecha específica, pero podemos tentar una hipótesis que trate de explicar el nacimiento de este “ignominioso” género literario y artístico.

Para empezar, definir la pornografía es muy difícil y muchísimos autores han intentado, sin éxito, esbozar alguna definición que sea satisfactoria. Naiff Yehya nos brinda un concepto que él mismo reconoce que es cuestionable: “la representación o descripción explícita de los órganos y las prácticas sexuales enfocadas a estimular los deseos eróticos en el público.” No obstante la pornografía, etimológicamente, significa tratado o estudio sobre la prostitución, acepción que es aceptada por la Real Academia Española. Hubo pornógrafos de este tipo como el francés Nicholas Edmé Restif de la Brétonne (1734-1806), más conocido como el “Rousseau de las cloacas” debido a que editó un libro que proponía varias reformas para el ejercicio de la prostitución. Pero este sentido del término pornografía no nos interesa en este artículo.

Por cuestiones prácticas vamos a tomar como validero la definición de Yehya. Ahora, para fines de nuestra hipótesis recapacitemos en la reprobación social de la pornografía. Este fuerte rechazo social estimula que sea consumida en solitario ya sea frente a un televisor, una computadora, o en espacios públicos casi clandestinos como cines de dudosa reputación. El ostracismo de la pornografía de la escena pública en occidente se debe en gran medida al cristianismo que condenó la práctica sexual libre, a diferencia de otras religiones antiguas o paganas . Recuérdese, por ejemplo, las orgías en los templos babilonios que se realizaban en honor a los dioses de la fecundidad. Creemos que es justamente esta aversión del cristianismo al sexo que origina la pornografía.

Obra del polémico pintor Stu Mead

Como dijimos antes, algunos creen que la pornografía existe desde épocas inmemoriales por la representación del sexo que hicieron nuestros ancestros en su arte rupestre. Esta posición es muy cuestionable: la representación del sexo hasta la época de la Roma imperial no suscitaba los escándalos (como lo demuestra los grabados hallados en casas familiares en la antigua Pompeya) que hoy genera la pornografía. Creemos que la naturalidad con que se miraba la representación explícita del sexo en la antigüedad se debe a que el acto sexual no estaba confinado al espacio privado: las orgías eran aprobadas con beneplácito, incluso había fechas especiales para ellas, las cuales se realizaban a vista de todos los ciudadanos. Es con el surgimiento del cristianismo que paulatinamente se confine al sexo a la vida privada y cualquier manifestación pública de ello llega no solo a ser condenable sino punible. Es entonces que la representación del acto sexual, ya sea a través de palabras o imágenes, se vuelve oprobiosa y execrable. Por lo tanto podemos sostener que es en ese momento que la pornografía adquiere su partida de nacimiento. Precisar cuando acontece exactamente este hecho es muy difícil por lo que hablar de fechas sería una imprudencia.

Transgredir el espacio privado genera placer y, muchas veces, culpa. La pornografía genera ambos sentimientos y por ello su consumo se ha mantenido como una práctica oculta. Sin embargo, la posmodernidad ha derribado las fronteras del espacio privado y público, por la que la aceptación de la pornografía se da a pasos pequeños pero firmes. Los actores pornos que, como bien señalaba Ricardo Bedoya en un artículo en la década de los ochentas, permanecían en el anonimato, hoy son estrellas mediáticas, como lo demuestra la despampanante Jenna Jammeson o la insaciable Sasha Grey. Y este fenómeno solo es la punta del iceberg (el cine de autor actualmente incluye escenas pornográficas sin ningún tipo de problemas, hay realitys en la televisión sobre aspirantes a actrices pornos, etc.) que probablemente augure un nuevo acontecimiento: la legitimación social de la pornografía. ¿Esto significará su extinción, un nuevo retorno a la antigua Babilonia o Pompeya? Solo el tiempo lo dirá.

Robinson Díaz